mayo 7, 2021 Maria 0 Comments

Los aditivos químicos son sustancias no nutritivas que se añaden a los alimentos, especialmente a los ultraprocesados (aunque también están presentes en otros productos como yogures o cremas de verduras) con el objetivo de conservarlos, modificar sus características organolépticas o para mejorar o facilitar su proceso de elaboración.

La gran mayoría de productos envasados los contienen y no es poca la polémica que se suscita alrededor de estas sustancias. ¿Está justificada la quimiofobia por todos esos productos que contienen en su lista de ingredientes los famosos E-XXX? ¿Generan riesgos para nuestra salud?

Los aditivos se identifican a través de un código que comienza por la letra E (aprobado por la UE), seguida por 3 o 4 dígitos, el primero de los cuales nos indica el tipo de aditivo de que se trata:

 

Aunque antes de sacar un aditivo al mercado se someten a numerosas pruebas de toxicidad y efectos cancerígenos, estas pruebas se hacen en animales de experimentación (normalmente ratones) cuyos efectos no son 100% extrapolables al ser humano. Además, en estas pruebas, no se tienen en cuenta los efectos que pueden producirse en el cuerpo humano por la acumulación e interacción de aditivos entre sí (es lo que se conoce como “efecto cóctel”)

Hoy queremos hablaros de cuatro de los aditivos que encontramos con mayor asiduidad en los supermercados y que generan más polémica: 𝐜𝐨𝐥𝐨𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬, 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬, 𝐩𝐨𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐚𝐛𝐨𝐫 𝐲 𝐞𝐝𝐮𝐥𝐜𝐨𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬.

1. COLORANTES ALIMENTARIOS

Son quizá los aditivos que más controversia suscitan, ya que su uso es pura y exclusivamente estético, es decir, mejoran el aspecto del producto final y lo hacen más apetecible a la vista.

Algunos estudios señalan que la aceptación de un producto por el consumidor depende en gran parte de su aspecto, por ello, aunque desde un punto de vista nutricional los colorantes no aportan ningún nutriente ni son necesarios, se han convertido en un elemento imprescindible para la industria alimentaria.

A pesar de que existen algunos colorantes de origen natural que no suponen ningún tipo de riesgo para la salud, esto no siempre sucede de esta manera.

ADITIVOS NATURALES

CURCUMINA (E-100) extraída de la cúrcuma

LICOPENO ((E-160D) extraído de los tomates

CLOROFILA (E-140) extraído de vegetales verdes

BETANINA (E-162) extraída de la remolacha

CAROTENOS (E-160) extraído de las zanahorias

COLORANTE CARAMELO (E-150)

A diferencia de lo que sucede con el caramelo que se hace en casa al derretir azúcar, la coloración marrón artificial de los refrescos de cola y otros productos (como la salsa de soja o la cerveza) se produce al hacer reaccionar azúcares con amoníaco y sulfitos a altas presiones y temperaturas. Estas reacciones químicas dan como resultado la formación de unos compuestos (2-metilimidazol y 4-metimilidazol) que se han relacionado con cáncer de pulmón, hígado tiroides o leucemia en varios estudios realizados en animales.

Además, los colorantes artificiales también están relacionados con:

      • Incrementar trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
      • Reacciones alérgicas. Uno de los colorantes más polémicos en relación a ello es la tartrazina (E-102), que es un colorante sintético que da color amarillo o anaranjado a muchos ultraprocesados como los nachos, refrescos o postres lácteos y que se asocia con problemas de asma y aseverar los síntomas en personas con urticarias, asma o rinitis.

“Las moléculas de los colorantes sintéticos son pequeñas u el sistema inmunitario lo tiene difícil para defenderse de ellas. Estas moléculas pueden unirse a proteínas del cuerpo y, por tanto, provocar importantes consecuencias inmunológicas de forma sigilosa” [Aristo Vojdani, especialistas en enfermedades autoinmunes].

EXTRACTO DE COCHINILLA O ÁCIDO CARMÍNICO (E-120)

No pasará inadvertido este aditivo de origen natural, que se obtiene de machacar a las hembras desecadas del insecto “Dacttylopius coccus Costa” (cochinilla del nopal). Una vez se tritura a estos insectos, se hierven y se filtra el liquido obtenido.

Es un aditivo que se utiliza en bollería industrial, helados, yogures, productos cárnicos, chucherías…

A pesar de su origen natural, se ha relacionado con respuestas alérgicas (picazón, hinchazón, urticaria, dificultad para respirar…).

2. CONSERVANTES ARTIFICIALES

Los conservantes se usan en la conservación de productos naturales y de ultraprocesados, alargando así su fecha de caducidad. Son necesarios en la medida en que protegen la aparición de microorganismos (bacterias, levaduras, mohos…) que pueden causar intoxicaciones alimentarias.

Dentro de los conservantes más problemáticos destacamos:

Nitratos y nitritos (E-249, E-250, E-251, E-252)

Los nitratos y los nitritos son aditivos que se emplean como conservantes en productos cárnicos curados (chorizo, salchichón, caña de lomo, jamón, salchichas cocidas, etc.) o productos cárnicos esterilizados (salchichas) y en algunos preparados de carne (lomo de cerdo adobado, pincho moruno, etc).

Además de proporcionar su rojo característico, retrasan el proceso de oxidación de las grasas, evitan olor a rancio, mejora su firmeza y protege contra bacterias (como Clostridium botulinum).

Los más utilizados son nitrito potásico (E-249), nitrito sódico (E-250), nitrato sódico (E-251) y nitrato potásico (E-252).

La presencia de estos elementos en algunos alimentos vegetales de manera natural no supone ningún problema, sin embargo, añadirlos durante el tratamiento de conservación de carnes procesadas puede provocar reacciones con los aminoácidos presentes en la carne, formando compuestos de N-nitroso (NOC), un compuesto cancerígeno.

A pesar de que no todas las carnes son iguales, el consumo exponencial de carnes procesadas supone un mayor riesgo de cancer de colón y recto.

En los años 60, los españoles consumían unos 21kg de carne por persona al año. Actualmente hemos pasado a más de 97kg de carne por persona al año, incluyendo carnes procesadas (embutidos, salchichas, fiambres, etc.). Según las cifras de la FAO, el consumo de carnes se ha quintuplicado, lo cual ha provocado que el consumo de nitritos y nitratos también haya aumentado proporcionalmente.

Benzoatos (E-210, E-211, E-212, E-213)

Los benzoatos son conservantes que actúan para prevenir la aparición de microorganismo en condiciones acidas, por ello, están presentes en productos como bebidas azucaras, mermeladas y salsas de comida rápida.

La EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ) advierte que cuanto se utilizan conjuntamente los benzoatos y el ácido ascórbico o vitamina C (E-300), se debería tener precaución en el almacenamiento de estos productos ya que en ciertas condiciones pueden formar un compuesto cancerígeno denominado benzeno.

La dosis máxima permitida por la FDA en alimentos es del 0.1%.

Sorbatos (E-201, E-202, E-203)

Se emplean como agentes antimicrobianos especialmente en salmueras, quesos, mermeladas, salsas de tomate, embutido, etc. Se presentan como conservantes menos problemáticos.


Sulfitos (
E-220, E-221, E-222, E-223)

Se utilizan para evitar el oscurecimiento y la decoloración de algunos productos o bebidas durante su preparación, almacenamiento y distribución.

Algunos estudios los relacionan con reacciones alérgicas e implicaciones asmáticas.

3. POTENCIADORES DEL SABOR

Son sustancias que amplifican el poder saborizante de los alimentos. Se suelen utilizar en carnes procesadas, sopas de sobre, productos precocinados, snacks salados y fritos, galletas saladas, fideos chinos, concentrados de carne, pescado o verduras, patés…

De entre los más populares, destaca el glutamato monosódico (E-621) o GMS , que se emplean para mejorar el sabor salado o a carne (“umami”).

Las primeras incidencias graves en humanos relacionadas con su consumo aparecieron con lo que se conoce como “síndrome del restaurante chino” con síntomas que se caracterizan por fuertes palpitaciones, entumecimiento del cuello y brazos, hinchazón facial, etc. Si bien es cierto que para la aparición de este síndrome es necesaria la ingesta de grandes cantidades de GMS.

4. EDULCORANTES ARTIFICIALES

Los edulcorantes son sustitutivos sin calorías del azúcar, por lo que a la hora de comprar productos tenemos la impresión de que son más saludables. Sin embargo, estos aditivos tampoco están exentos de polémica.

El consumo excesivo de ultraprocesados edulcorados disfrazados de saludables por ser “light”, “zero” o “0% azúcares añadidos” puede provocar cambios significativos en nuestra microbiota (provocando que haya en el intestino más bacterias perjudiciales que beneficiosas) pudiendo ocasionar problemas digestivos (diarrea, gases e hinchazón)

El consumo habitual de estos productos se ha relacionado en estudios observacionales con un mayor riesgo a desarrolla diabetes tipo 2, síndrome metabólico.

Se recomienda evitar la sacarina, acelsufame-k,  sucralosa y aspartamo y optar por un uso esporádico de polioes (xilitol o eritritol).

También existen otros endulzantes naturales (aunque sí son calóricos) como la miel, la pasta de dátil o la melaza.

En definitiva, no todos los aditivos son perjudiciales para nuestra salud ya que pueden ayudar a evitar la aparición de bacterias, levaduras o mohos (conservantes). Por otro lado,  el consumo excesivo productos edulcorados ultraprocesados (aunque se etiqueten como «zero», «light» o «% azúcar») y potenciadores del sabor altera nuestra percepción del sabor, aumentando nuestras ganas de querer consumirlos, y llegando a provocar conductas adictivas.

 

CONSEJO: evita productos ultraprocesados, revisa el etiquetado y cuántos menos números, ¡mejor!

 

 

0 Comentarios
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios